jueves, 3 de octubre de 2013

Cada mes una esclava sexual víctima de las mafias denuncia su situación en Euskadi

http://www.elcorreo.com/vizcaya/20130930/mas-actualidad/sociedad/cada-esclava-sexual-victima-201309261838.html

El Gobierno vasco atendió a trece mujeres obligadas a prostituirse el año pasado y a siete más en lo que va de 2013




Convivimos con una de las manifestaciones más extremas de violencia contra las mujeres. La trata de personas con fines de explotación sexual es una realidad global, manejada por mafias internacionales que extienden sus tentáculos por cada rincón del planeta. Y Euskadi no es ninguna excepción. Durante el año pasado 13 esclavas sexuales llegaron al servicio habilitado por el Gobierno vasco para darles cobijo, y en lo que va de 2013 han pedido ayuda otras siete. Es decir, de media, una al mes. Y todas han denunciado a sus captores. Naturalmente, representan sólo una mínima parte de las personas que sufren este tormento, pero aumentan cada año. En 2011, primer ejercicio en el que se articuló este mecanismo público, habían sido ocho. Una cifra que ya entonces había sorprendido a las responsables del servicio, pionero en España.
«El objetivo general del recurso es proporcionar una atención integral a las mujeres víctimas de trata desde el momento en que son identificadas como tales», explica Izaskun Landaida, directora de Emakunde. El Instituto Vasco de la Mujer es el encargado de coordinar el asunto, después de que en esta legislatura haya asumido las competencias de la Dirección de Atención a las Víctimas de Violencia de Género del Gobierno vasco. ¿Quienes son esas mujeres? Todas inmigrantes (el 41% de África, un porcentaje similar de América Latina, el 14% del este de Europa y el 4% asiáticas) y muy jóvenes, ya que el 80% aún no ha cumplido los 30 años.
Hay bastantes formas de acabar en esta situación. Lo más común es que las víctimas lleguen a España engañadas con promesas de trabajos como limpiadoras, masajistas o cuidadoras. A veces, ya saben que vienen a ejercer la prostitución. Pero una vez aquí las cosas se tuercen, llegan las coacciones y la violencia y se convierten en esclavas sexuales. Las armas de las que se valen las mafias también son variadas: les quitan el pasaporte, amenazan a sus familias en sus países de origen (la mitad ha dejado hijos allí) y, con las africanas, es frecuente el uso del vudú como mecanismo de control. Hay palizas y las mujeres, a menudo, no saben ni en qué ciudad están. Las pocas veces que salen del puticlub o el piso de turno deben hacerlo acompañadas. La falta de libertad es total.
Con semejante control no es extraño que la mitad de los casos que se destapan en Euskadi lleguen a raíz de operaciones policiales, ya sean redadas o actuaciones de otro tipo. En otras ocasiones (el 31%), son ONGs especializadas en el trato con estas personas las que dan la voz de alarma. Sólo en un 12% de los casos es la propia víctima quien se pone en contacto con el servicio público de apoyo, según las estadísticas facilitadas por Emakunde. Y el restante 7% de las usuarias proceden de otros organismos públicos.
Una vez que se conoce cada situación se activa un protocolo de actuación. Lo primero es poner a disposición de la víctima un piso de acogida que en 2012 sólo utilizaron tres de las nuevas usuarias (también residieron en él otras tres atendidas desde 2011). Esta vivienda se encuentra vigilada las 24 horas del día y su ubicación se mantiene en secreto ya que las 'deserciones' son castigadas de forma terrible por las mafias. Sin embargo, la mayoría de las mujeres prefirió arreglárselas por su cuenta e irse a vivir con allegados o conocidos. Eso sí, las fuerzas y cuerpos de seguridad diseñan para cada una un dispositivo de protección que va desde escoltas a contravigilancia, pasando por teléfonos bortxa. Mecanismos similares a los que se ponen a disposición de las víctimas de la violencia machista pero que deben ser adaptados a esta otra realidad, en la que los posibles agresores no están identificados.
Tras la fase de acogida llega la de intervención. «Se acuerda con la mujer un plan individual de trabajo o itinerario personalizado», explica Landaida. Este proceso abarca distintas áreas como «asistencia médica, atención psicológica, asesoría jurídica, formación, orientación laboral, etcétera». Para dar respuesta a todos estos ámbitos en un entorno tan complejo «es necesario el entendimiento entre los distintos organismos de la Administración con competencias en la materia y entidades no gubernamentales». Para ello se creó ya en 2009 una mesa de trabajo en la que se integran desde las fuerzas y cuerpos de seguridad (Ertzaintza, Policía Nacional y Guardia Civil), hasta los gobiernos central y vasco, ONGs vinculadas al mundo de la prostitución como Askabide, la Comisión Antisida, Médicos del Mundo...
Cambios legales
Las bases de todo esto se sentaron en los últimos años. Por una parte, el Gobierno central impulsó en 2008 un plan para atender a mujeres víctimas de trata; por otra, en 2011 se modificó la Ley de Extranjería. Este último cambio legal estableció un periodo de reflexión en el que las afectadas, durante 30 días, pueden recuperarse del martirio y decidir si denuncian o no. En caso de hacerlo, se les concede el permiso de residencia por causas excepcionales.
En Euskadi, la mitad de las mujeres asistidas decidieron denunciar desde el primer momento, sin necesidad de acogerse a este periodo de reflexión. Y el restante 50%, tras pensárselo durante algún tiempo, acabó tomando la misma decisión de colaborar con las autoridades. También se les ofrece regresar de vuelta a sus casas pero «ninguna ha vuelto a su país de origen», revela la directora de Emakunde.

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